¿Han leído a Robin Cook? ¿Famoso autor de thrillers médicos? De historias tan predecibles como reconfortantes, pero intrigantes. Yo creía que mi vida adulta se desarrollaría como en uno de sus libros.
Me imaginaba viviendo en un oscuro y cálido apartamento, en uno de los pisos altos, rodeada de lámparas de forma poco concisa. Sumergida en un ambiente lúgubre, como en sus libros.

Pensaba que todos los adultos trabajaban en oficinas, en cubículos blancos, cuadrados y perfectos. Que mi vida sería estable, blanca y fácil de construir, al igual que uno de esos cubículos tan familiares gracias a las películas estadounidenses.
En la actualidad, mi vida no tiene nada que ver con esta fantasía literaria y audiovisual que tuve durante la niñez.
No trabajo en una oficina, ni siquiera salgo de casa para trabajar. No tengo amigos con los que salir de copas después del trabajo, y cosas como el matrimonio, una relación estable o mi propia casa, son lejanas y ajenas a mi realidad.
No tengo “vecinos”. No tengo actividades fuera de casa. Mi existencia se ve reducida a espacios específicos, a instantes específicos. Puedo crear nuevos momentos, me dedico a crear nuevos momentos, que aporten un matiz refrescante a mi vida. Actividades como escribir, pintar, cantar un poco, cuidar plantas y fallar en el intento…
Mi más reciente “instante” es escuchar música en el tocadiscos que compré hace unos meses con la ilusión de empezar una colección de vinilos. Hoy conseguí el primero, un poco a ciegas. Siete piezas por Miles Davis, trompetista y compositor estadounidense. Lo compré en Otroquevendediscos (ya vi por cierto que funaron mi pobre tocadiscos con parlante integrado en su página de Instagram, pero en mi defensa tiene una puntuación de 4.4 en Amazon).

Por otro lado, la pregunta que ronda mi cabeza por estos días es si mi trabajo está en verdad conectado con quién soy. Es monótono y repetitivo, no requiere creatividad. Pero es cómodo y seguro. Si es que aún se puede hablar de trabajos seguros.
Miro alrededor, en mi habitación, y no encuentro similaridades entre quién soy y lo que hago en el trabajo, y lo que veo. Como dos entes desconectados por completo, con misiones y valores diferentes, que no se complementan en lo absoluto.
Pensé que para esta etapa de mi vida, estaría viviendo en un apartamento para mi sola, diseñado a mi gusto, en el barrio que me sintiese cómoda…haría el mercado por las tardes y probaría una receta nueva cada día. Tendría un trabajo de pocas horas, y con la paga podría vivir a gusto y viajar si quisiera, y ahorrar.
Tengo una buena vida, pero no se compara con la fantasía que creé en mi mente, alimentada por las películas y series americanas. Luego, la influencia más grande pasarían a ser las redes sociales…de las que parezco no poder despegarme por las noches. Al final del día siempre siento que no he logrado lo suficiente, quedan demasiadas horas por vivir, demasiado potencial perdido tras una pantalla…
¿No siempre sentimos que tenemos mucho más que dar? Siempre siento que vivo a medias, distraída, sin lograr exigirme lo suficiente para superarme a mi misma y “explotar” mi potencial.
En fin… divago sin sentido. Hasta un próximo blog,
Julieta.