Pienso que me gustaría hacer un paisaje sonoro de Casa Serú.
- Pista 1: “Casa Serú AM”
- Pista 2: “Casa Serú PM”
Además tendrían que ser de dos a cuatro álbumes, para cada set de estaciones. Conozco su verano y el final de su invierno. Solo puedo imaginar las demás.
Álbum 1: Verano
Pista PM
Este verano, con la ventana cerrada y el ventilador en su máxima potencia, no alcancé a escuchar el titilar de las cigarras al caer la noche.
Con el ventilador apagado, escucho el eco del motor de las motocicletas por largo rato. Escucho lo que parece un avión. ¿Es posible que vuele sobre un mismo lugar tanto tiempo? Cerca de la casa hay un puente grande que lleva a la autopista. Tal vez de allá viene el ruido. A una cuadra o dos está la terminal de ómnibus. Pasan por la calle frente a la casa hasta alcanzar nuevos destinos.
Del primer piso también llegan ruidos. La puerta del baño que se abre, una tetera silba sobre la estufa, la gata que pisa el teclado abierto del piano.
Afuera, tormentas aisladas encienden el cielo casi cada noche.
Hoy el cielo está inquieto. Mi mente también.
Frente a mí, el cuadro que confronta mi cama muestra 5 jóvenes desnudas flotando y bailando entre alcatraces y rosas. En una esquina, un sol tímido asoma y lo observa todo. Sobre él, nueve redondas esferas lo orbitan y adornan. No lleva marco. El lienzo se extiende por lo que parecen ser dos metros de ancho por largo. Predomina el azul rey, el ocre, el borgoña.
El borgoña se extiende del cuadro al piso, sobre el que hay pintadas varias formas que recuerdan a un patrón tribal. Del piso se extiende de nuevo hacia las paredes, de las paredes salta a los objetos en la habitación. Y de los objetos parece que se extiende a mi.
Con la llegada del invierno llegan nuevos sonidos.
Álbum 2: Invierno
Pista PM
Este invierno escuché voces. Una voz me ofrecía un trago, otra me invitaba a cantar, a tocar la guitarra. Las voces preguntan sobre mi vida y se explanan sobre la suya. Escucho mi propia voz, cambiante, inestable ¿desinteresada?. Escucho voces que nada tienen que ver conmigo.
Cuando el reloj marca las 21:00, se desviste el piano, alguien destapa una botella, tintinea el cristal, rechinan las bisagras del horno. Alguien apoya una bandeja sobre la mesada. De la cocina llega un olor agradable. Tal vez me aparezca unas horas después, me quede un ratito y me escabulla antes del alba.
Por el piano pasa un tango, o una milonga. Este invierno lo acompaña un par de bongos, con cada palmada el sonido se transfigura hacia la salsa o una balada conocida. En esta casa borgoña, de tintes rojos, no pueden faltar canciones de “la negra”, o sobre las mujeres en los estantes, o sobre el miedo a cierto personaje político que para qué mencionar. Una noche en especial al piano lo acompaña un quinteto de cuerdas. Dos violines, una viola, un cello y una voz. Y a ellas les acompaña los pasos de la pareja que se atrevió a bailar a su son.